Distribución geográfica


MEDIO EN EL QUE SE HA DESARROLLADO EL BURRO MAJORERO:

-Medio físico:
Se distinguen dos partes desiguales: al N Majorata, que culmina en La Atalaya (726 m), y al S la Península de Jandía, con la máxima altura en el pico de Jandía (807 m). Ambas partes se unen por el istmo de la Pared.
Geomorfológicamente se diferencian tres elementos: al O, el macizo de Betancuria; al E, un conjunto montañoso que continúa en la Península de Jandía; y en el centro, uniendo ambas, los llanos de la Antigua y Tuineje.
Las costas son bajas, en general, con frecuentes playas y terrazas marinas con costras calizas.

-Clima:
La isla de Fuerteventura puede englobarse dentro de los climas áridos con la particularidad de que es auténticamente desértico en la costa y buena parte del interior, y estepario en las zonas de mayores alturas.
Se caracteriza, en líneas generales, por las escasas e irregulares precipitaciones y por unas altas temperaturas a lo largo de todo el año, lo cual deriva en una igualmente fuerte evaporación y evapotranspiración potencial que condiciona altamente la vida vegetal y animal de la isla.
A diferencia del resto de las islas del Archipiélago, no se puede establecer en Fuerteventura una dicotomía barlovento-sotavento, por la escasa envergadura del relieve. Sin embargo, la presencia de estribaciones montañosas que superan los 500 metros de altitud nos permite señalar una serie de pisos climáticos en particular y biogeográficos en general, dentro del conjunto de la isla.
A lo largo del año se registran una temperatura y humedad relativa bastante uniformes. Las lluvias son escasas, siendo más habituales de septiembre a mayo. Los vientos dominantes son del NE o del N, suaves durante el otoño y el invierno y algo fuertes en primavera y verano. La temperatura media anual oscila entre los 19,6º C y los 18,8º C, y la humedad relativa entre el 19% y el 38%. El grado de insolación es bastante elevado, siendo la media anual de 2.800 horas de sol. La temperatura del agua oscila entre los 17º C y los 23º C en superficie, siendo enero y febrero los meses más fríos y agosto y septiembre los más cálidos. Las corrientes de agua son intensas en el lado de Sotavento, y discurren la mayor parte del tiempo en dirección NE-SO, paralelas a los flancos de la isla.
A grosso modo, el clima de la isla se puede dividir en el existente en la zona costera, desértico; el comprendido entre los 400-500 metros de altitud que se suaviza y se convierte en estepario y, por último, en las altas cotas de los principales macizos montañosos podemos encontrar un clima templado. La red hidrográfica de la isla está formada por numerosos barrancos

-Flora:

Fuerteventura es la cuarta región natural a nivel mundial en cuanto a endemismos florísticos se refiere, donde perviven plantas de la Era Terciaria que han desaparecido de la mayor parte del planeta. Debido a la baja altitud de la isla, los vientos alisios no descargan su humedad, por lo que no existen en Fuerteventura bosques como en las islas más altas.
La formación vegetal que ocupa una mayor superficie en la isla es el matorral espinoso, que se extiende por llanos y lomadas. La aulaga es una de las especies más comunes, además de espinos, matamoros y rama. El verode, las tabaibas y los cardones representan los elementos más puros de la que se supone fue la formación original.
Las palmeras y tarajales, casi los únicos representantes arbóreos de la vegetación autóctona, están ligados al cauce de los barrancos y el fondo de los valles.
En áreas de trasplayas, inundadas periódicamente por la marea, aparece una comunidad denominada saladar. En este hábitat, junto con otras especies, se halla presente un matorral denso denominado matamoros. Fuerteventura dispone de las mejores representaciones de saladar del Archipiélago (Saladar del Matorral en Morro Jable). Estas zonas húmedas tienen una gran importancia debido a su vinculación con la avifauna. También en la costa, y generalmente cerca de los saladares, se encuentra el jable.
Los campos de dunas se extienden hacia el interior a favor de los vientos dominantes. Destacan en estas zonas la uva de mar y los balancones. Tierra adentro, el arenal contiene una rica vegetación representada por corazoncillos, algahuera, salado blanco, saladillo, trufa, melosa, cebolla, etc.
En la isla existen zonas declaradas de interés ecológico protegidas por la Ley 12/1987 de 19 de junio de la Red de Espacios Naturales de Canarias

-Fauna:
Los invertebrados, y entre éstos los insectos, son el grupo faunístico más representado en Fuerteventura. Especial interés tiene la cochinilla, insecto que vive y se desarrolla sobre las hojas de la tunera, que llegó a estar protegido por una ley de 1827.
Frente a la abundancia de invertebrados, Fuerteventura no destaca por la presencia de vertebrados; las aves son los únicos representantes (con un número importante de especies, especialmente las nidificantes —muchas endémicas— y migratorias). Las costas vírgenes de Fuerteventura y las escasas salinas y presas sirven de parada a estas especies, concentrándose en ellas una comunidad cuyos componentes varían estacionalmente.
Las diferencias de salinidad y temperatura de las aguas, debido a las corrientes marinas, permiten la presencia de especies pertenecientes a regiones diversas. La zona de barlovento, azotada por el mar de fondo, más rica en plancton y algo más fría, presenta más variedad y abundancia de especies. Los mamíferos marinos más frecuentes son las toninas (delfines), ruasos y algunas ballenas, habiéndose constatado recientemente la presencia ocasional de focas monjes.
Los anfibios están representados por la rana común; los reptiles más significativos son los lagartos, la lisa majorera o lisneja y los perenquenes.
En cuanto a los mamíferos, todos los que habitan en la isla han sido introducidos por el hombre (a excepción de los murciélagos). En esta clase se engloban los perros, la cabra, el cerdo, la oveja, el caballo, el dromedario, el burro, el gato, etc. Entre los mamíferos no domesticados se encuentran el erizo, la musaraña, el murciélago, el conejo, la rata, el ratón y la ardilla moruna.

-Población:
La demografía insular ha experimentado un aumento regular —acelerado en el último decenio en la capital, Puerto del Rosario (con cerca de 19.000 habitantes)—, que contrasta con su ancestral estancamiento. La densidad demográfica continúa siendo muy baja: 10,9 h/km2.
Según el último censo elaborado en 1991 por el Instituto Canario de Estadística (ISTAC) la población asciende a 36.908 habitantes.
Un rasgo característico de la población majorera es su peculiar forma de poblamiento. Son núcleos concentrados y de escasa entidad, quedando, por consiguiente, extensas áreas deshabitadas en el conjunto del espacio insular. Esta tendencia hacia la concentración de sus efectivos poblacionales se ha incrementado de forma paulatina, acelerándose en el mencionado proceso en los últimos años.

-Economía:
Fuerteventura posee una agricultura dedicada al cultivo de cereales (trigo, cebada, maíz) y hortalizas (tomate, cebolla, ajo, patata). La agricultura ha tenido un importante proceso de reconversión, tanto por la mayor penetración de capital y el consiguiente desarrollo de las fuerzas productivas, como por la sucesión de cultivos. En efecto, en tiempos pasados dominaron los cereales, cultivados sobre gavias, y algunas leguminosas y frutales, todos ellos en secano. En cambio, a partir de los años treinta se introduce el tomate, ya en regadío, primero por el tradicional sistema de inundación y posteriormente con formas de riego localizado (aspersión y, sobre todo, goteo). Asimismo, el suelo se recubre con lapilli (arenado) reportando una serie de beneficios a la planta, pues permite un mayor ahorro de agua, gracias al efecto higroscópico del picón. De igual manera, la planta crece sin excesivas alteraciones de temperatura del suelo. El picón impide, asimismo, la escorrentía de las aguas superficiales y consiguientemente la pérdida de suelo.
En cualquier caso, el regadío se utiliza en la isla sólo para los cultivos del tomate y la alfalfa, ambos altamente resistentes a las aguas de gran contenido en sales.
La ganadería ha sufrido diversas variaciones en los últimos tiempos, pues aunque se mantienen los tradicionales sistemas de explotación y pastoreo extensivo con bajos índices de capitalización, hoy día, la situación comienza a cambiar con la instalación de ordeñadoras y queserías para la elaboración de productos lácteos y otras medidas de tecnificación e intensificación del sector caprino.
Otros focos de ingresos económicos son las industrias alimentarias y el turismo, éste último cada vez con más peso.

-Administración y gobierno:
La isla de Fuerteventura es uno de los siete territorios insulares que integran la Comunidad Autónoma de Canarias. Pertenecen a la isla los municipios de Antigua, Betancuria, La Oliva, Pájara, Tuineje y Puerto del Rosario (la capital insular). El órgano de gobierno y administración insular es el Cabildo, que tiene autonomía plena en los términos que establece la Constitución (REC 1978/2836) y su legislación específica conforme al artículo 32 del Estatuto de Autonomía de Canarias (aprobado por Ley Orgánica de 10 de agosto de 1982), que es su norma institucional básica.

-Historia: El primer nombre de la isla conocido es el de Herbania, que hace referencia a la antigua muralla que dividía el territorio en dos y separaba las dos tribus indígenas que la habitaban. La muralla estaba situada en el istmo de la Pared: al norte se encontraban los seguidores de Ayoze y al sur los de Guize.
Más tarde, aparece la forma arcaica mahorero o majorero para denominar a los habitantes de la isla (término estrechamente relacionado con las cuevas que les sirvieron de morada: "majos" o "mohod"), así como los de Mahorato o Maxorata, invención culta y latinizante de la misma raíz acuñada para designar la tierra de los majoreros.
Es en el año 1339, en un mapa de Angelino Dulcet, donde aparece por vez primera el nombre de Forte Ventura.
Antes de la conquista castellana de la isla de Fuerteventura se llevaron a cabo una serie de expediciones por parte de mallorquines, catalanes, andalusíes, vascos y portugueses, en asociación con genoveses, florentinos, venecianos y otros navegantes y comerciantes de la Península Italiana, que partieron principalmente de los puertos peninsulares.
Es evidente que antes de las expediciones de los mallorquines en 1342 ya se conocía la existencia de las Islas, pues aparecían representadas en el mapa de Dulcet, famoso cartógrafo balear.
Jean de Béthencourt alcanza las islas orientales en 1402, y entra en Fuerteventura por el Puerto de la Peña (Ajuy).
El primer recuento de población, realizado entre 1440 y 1450, da un censo de 1.200 habitantes, concentrados básicamente en la capital y sus alrededores. Los primeros asentamientos se situaron en el Valle de la Vega de Río Palmas y Bentancuria. A principios del siglo XVI aparecen otros nuevos en el Valle de Santa Inés, los Llanos de La Concepción y posteriormente en Antigua. La conquista de la isla duró unos tres años, pero no fueron años de violencia y enfrentamientos, sino más bien de paulatina convivencia pacífica y acomodo entre los conquistadores y conquistados. A mediados del siglo XVII se tienen noticias de que la ocupación territorial llega a la zona de El Cotillo, lo que hace suponer que ya era utilizado como refugio pesquero. Asimismo, hay noticias de la existencia de la ermita de Vallebrón.
Las frecuentes incursiones piratas que padeció la isla tenían como motivo el aprovisionamiento de agua y carne. Tan sólo tuvo carácter de invasión la capitaneada por Xabán de Arráez, en 1593; la isla quedó bajo dominio berberisco durante seis meses y, al finalizar éste, quedó destruida la capital y sus archivos. Ante el riesgo de posibles futuras incursiones se levantaron puntos de defensa como el del Barranco de la Torre, el de El Cotillo y la Caleta de Fustes.
Entre los siglos XV y XVI se producen diferentes ventas de los distintos señoríos y, a principios del siglo XVII, se consolida el Señorío de Fuerteventura con la casa de Arias y Saavedra, que, al igual que en la Península y el resto de las islas, se mantiene hasta la abolición de los señoríos por las Cortes de Cádiz.
El despegue económico de Fuerteventura se produce al final del siglo XVIII, con el inicio del comercio de la barrilla, la cochinilla, la orchilla, la cascarilla y el jicanejo, tras dos siglos de estéril esfuerzo centrado en la economía cerealista.
La barrilla es una especie vegetal que, al igual que el cosco, se recolectaba y dejaba secar para quemarse después, quedándose convertida en unas piedras negras y compactas llamadas "piedras de barrilla". En este estado se exportaba a Inglaterra, donde se obtenía la sosa para la fabricación de jabones.
La cochinilla es un insecto que vive y se desarrolla sobre las hojas de la tunera; luego se recoge, con unas cucharillas especiales, en un duro y meticuloso trabajo. De la cochinilla se obtiene un valioso carmín que se emplea para fabricar el lápiz de labios y para teñir telas. Durante el XIX se añade el comercio de la cal. Ello se traduce en la proliferación de hornos de cal.
Durante los siglos XVIII y XIX se conocen años de hambruna, provocados por notables sequías en la isla; esto da lugar a emigraciones importantes:
primero hacia Gran Canaria y Tenerife, y posteriormente hacia el continente Americano (Montevideo, Buenos Aires, México, Venezuela y Cuba).
Hasta después de la Guerra Civil de 1936 se siguen roturando las tierras, realizando cadenas de piedras para evitar la erosión y aterrazando el suelo para cultivar. Se fomentan las actividades de intercambio comercial, haciendo de Puerto Cabras la capital insular, promoviéndose el desarrollo del norte y la creación del primer puerto mercantil. También se abre el puerto de Gran Tarajal, que favorece la producción y exportación del tomate.
La aparición del fenómeno turístico invierte el sentido demográfico. La tradicional ocupación en el interior se desplaza hacia las costas, hecho éste que se traduce en una transformación social realmente importante y que es necesario para conocer la situación actual de la isla.

EVOLUCIÓN DE LA RAZA Y SITUACIÓN ACTUAL:

La información concreta que existe sobre este punto es relativamente escasa, puesto que hasta hace muy pocos años no existió interés en conocer la situación exacta de la raza.
El burro majorero, como ya se ha comentado anteriormente, fue introducido en la Isla de Fuerteventura a mediados del siglo 15. En ella se reprodujo y medró de forma extraordinaria, siendo muy utilizado por la gente de la época para realizar todo tipo de tareas; desde, por supuesto, ayudar en las tareas agrarias, hasta el transporte de personas y bienes. Desde la isla maxorata, ha existido históricamente un gran movimiento de animales hacia Lanzarote, en lo cual no son una excepción los burros; de manera que ya desde el principio de la historia de la raza, la principal localización a la que se exportaron los animales fue a la isla vecina. Esto no es óbice para que el burro majorero no se fuera introduciendo paulatinamente en el resto de las islas debido a sus apreciadas características de sobriedad y rusticidad.
Ésta situación de distribución geográfica atomizada a lo largo del archipiélago canario y con mayor concentración en Lanzarote y sobre todo en Fuerteventura, se mantuvo hasta bien entrado el siglo veinte. De hecho, nos consta que hace menos de 40 años, no era extraño encontrar personas realizando un recorrido itinerante por diferentes islas con un hato de burros majoreros –de hasta 30 o 40 animales-, vendiéndolos para prestar sus servicios en las diferentes tareas propias del medio rural.
Sin embargo, debido a la drástica perdida de importancia que ha sufrido en canarias el sector primario en los últimos años y con la paulatina mecanización de la agricultura, el burro se ha visto relegado a una posición marginal, manteniéndose por razones sentimentales o por tradición en la mayoría de los casos. Esto implica que en las islas en que la población de burro majorero nunca fue elevada, la regresión de la propia población asnal unida a los cruzamientos con otros tipos de burros, hagan muy complicado encontrar animales de raza pura.
Podemos concluir que en la actualidad únicamente hay censadas poblaciones de burro majorero puro en la isla de Fuerteventura y en mucha menor medida en la de Lanzarote. Es posible que en el resto de las islas todavía existan algunos ejemplares, pero su número es meramente anecdótico. A modo de curiosidad, cabe destacar el que en la isla maxorata, en el municipio, queda una de las pocas poblaciones de burros salvajes que existen en la actualidad en el continente europeo.
Estos animales fueron soltados en la zona hace muchos años y se han reproducido libremente hasta formar varias manadas.
A nivel censal, son escasísimos los datos existentes. Históricamente se puede hablar de un punto de inflexión en cuanto al número de animales en la isla de Fuerteventura; aproximadamente en 1581 en el que se realiza la matanza de 1500 animales a partir de lo cual, según varios autores (ver apartado de origen e historia), la raza no vuelve a estar presente en tanto número. Por otro lado, y con fecha presumiblemente posterior a éste hecho, en 1590, el ingeniero italiano Leonardo Torriani en su libro “la descripción e historia de las Islas Canarias”, estima que la población asnal en ese momento era de unos 4000 animales. Con respecto a datos más recientes, en un inventario realizado por el Cabildo de Fuerteventura a finales de los años 90, se indicaba que existían un total de 98 criadores o propietarios de asnos en la isla. El número total de animales censados fue de 203, aunque tan solo 122 individuos pudieron ser catalogados como presumiblemente Majoreros (56 machos y 66 hembras), debido a que se detectaron numerosos cruces el burro andaluz, importado por motivos turísticos. Estos 122 animales se distribuían en 65 explotaciones.
Actualmente, existen poco menos de 200 ejemplares en la isla de Fuerteventura, poseídos por un total de 111 propietarios, distribuidos de la siguiente manera: 42% en le municipio de Puerto del Rosario, 16% en el municipio de La Oliva, 14% en el municipio de Antigua, 9% en el municipio de Pájara, 8% en el municipio de Tuineje, 7% en el municipio de Betancuria y un 4% indeterminado. En la isla de Lanzarote existe también un pequeño número de animales sin determinar, mientras que la cantidad de ejemplares de burro majorero puro en el resto de las islas es apenas representativo.

Ni históricamente, ni en la actualidad se puede hablar de paradas de garañones; la tradición oral era el mejor método de selección de sementales, ya que los propietarios de las burras se desplazaban desde un lado a otro de la isla en busca de los mejores burros para cubrir a las hembras.